24/06/2026
Comenzamos el curso de griego bíblico Nivel 3 - Superior.
Análisis morfológico y sintaxis, Interpretación a la palabra con un análisis profundo en base a los idiomas originales de la Biblia.
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Es una iniciativa para que todos podamos comprender la Biblia con un análisis más profundo del Idioma original de la biblia. Realizamos el curso intensivo de griego bíblico con enfoque en el análisis morfológico y sintaxis de las palabras. Utilizamos diferentes métodos de análisis en la interpretación con griego y hebreo bíblico. LOGOS K LOGOS
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24/06/2026
Comenzamos el curso de griego bíblico Nivel 3 - Superior.
22/06/2026
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Marcos 12:13-34
“13 Y le enviaron algunos de los fariseos y de los herodianos, para que le sorprendiesen en alguna palabra. 14 Viniendo ellos, le dijeron: Maestro, sabemos que eres hombre veraz, y que no te cuidas de nadie; porque no miras la apariencia de los hombres, sino que con verdad enseñas el camino de Dios. ¿Es lícito dar tributo a César, o no? ¿Daremos, o no daremos? 15 Mas él, percibiendo la hipocresía de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Traedme la moneda para que la vea. 16 Ellos se la trajeron; y les dijo: ¿De quién es esta imagen y la inscripción? Ellos le dijeron: De César. 17 Respondiendo Jesús, les dijo: Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Y se maravillaron de él. 18 Entonces vinieron a él los saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron, diciendo: 19 Maestro, Moisés nos escribió que si el hermano de alguno muriere y dejare esposa, pero no dejare hijos, que su hermano se case con ella, y levante descendencia a su hermano. 20 Hubo siete hermanos; el primero tomó esposa, y murió sin dejar descendencia. 21 Y el segundo se casó con ella, y murió, y tampoco dejó descendencia; y el tercero, de la misma manera. 22 Y así los siete, y no dejaron descendencia; y después de todos murió también la mujer. 23 En la resurrección, pues, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será ella mujer, ya que los siete la tuvieron por mujer?
24 Entonces respondiendo Jesús, les dijo: ¿No erráis por esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder de Dios? 25 Porque cuando resuciten de los mu***os, ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles que están en los cielos. 26 Pero respecto a que los mu***os resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés cómo le habló Dios en la zarza, diciendo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? 27 Dios no es Dios de mu***os, sino Dios de vivos; así que vosotros mucho erráis. 28 Acercándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? 29 Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. 30 Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. 31 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que estos. 32 Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él; 33 y el amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios. 34 Jesús entonces, viendo que había respondido sabiamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios. Y ya ninguno osaba preguntarle”.
(Vs. 24) 4105/ πλανᾶσθε (πλανάω): verbo indicativo, presente, pasiva, 2da. plural - realmente “estáis siendo extraviados”, “estáis en error”.
(Vs. 24) 1492/ εἰδότες (εἴδω): verbo participio, perfecto, activa, masculino, plural, nominativo - han sabido.
Cuando leemos Marcos 12:13–34, observamos cómo distintos grupos de autoridad dentro de Israel se acercan a Jesús con un mismo propósito: ponerlo a prueba y sorprenderlo en alguna palabra. No vienen con un corazón dispuesto a aprender, sino con la intención de cuestionarlo desde sus propias convicciones.
En primer lugar, se acercan los fariseos y los herodianos. Los fariseos representaban el celo por la Ley de Dios, mientras que los herodianos estaban alineados con el poder político de Roma. Aunque eran grupos opuestos, se unen con un objetivo común: atrapar a Jesús.
Se dirigen a Él llamándolo “Maestro”, reconociéndolo solo como alguien que sabe, pero sin confesar su verdadera identidad. Le dicen: “Maestro, sabemos que eres veraz, y que no te cuidas de nadie… sino que con verdad enseñas el camino de Dios” (Vs. 14). Sin embargo, sus palabras no nacen de la fe, sino de una estrategia.
Entonces formulan la pregunta: “¿Es lícito dar tributo a César, o no? ¿Daremos, o no daremos?” (Vs. 14). La intención era clara: colocar a Jesús en una situación sin salida. Si respondía afirmativamente, parecería desleal a Dios; si respondía negativamente, sería acusado ante el gobierno romano.
Pero Jesús, conociendo sus corazones, responde: “¿Por qué me tentáis?” (Vs. 15). Luego pide una moneda y declara: “Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios” (Vs. 17). De este modo, no se inclina hacia ninguno de los bandos, sino que revela una verdad más profunda: el hombre tiene responsabilidades terrenales, pero su vida y su ser pertenecen a Dios.
Luego se acercan los saduceos, quienes no creían en la resurrección. Presentan un caso hipotético basado en la ley del levirato, intentando ridiculizar la doctrina de la resurrección: “En la resurrección, pues, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer?” (Vs. 23).
Jesús responde señalando la raíz de su error: “¿No erráis (πλανᾶσθε) por esto, porque ignoráis (εἰδότες) las Escrituras y el poder de Dios?” (Vs. 24). El uso del participio perfecto εἰδότες, derivado de εἴδω, señala una condición de conocimiento que debería estar ya establecida. Es decir, no se trata solo de una falta momentánea de información, sino de una carencia más profunda: no han llegado a conocer verdaderamente, ni han comprendido correctamente desde el principio las Escrituras ni el poder de Dios.
Por esta razón, Jesús declara que “están siendo extraviados” (πλανᾶσθε). Su error no es solo intelectual, sino espiritual: al no haber conocido de manera correcta (εἰδότες), permanecen en un estado continuo de engaño. En otras palabras, el extravío presente es consecuencia directa de una falta de verdadero conocimiento desde el inicio.
Desde una perspectiva pastoral, esto revela que la ignorancia bíblica no consiste únicamente en no saber, sino en no haber conocido de manera correcta y transformadora la verdad de Dios. En el fondo, su error estaba ligado a no reconocer plenamente quién es Jesucristo, en quien se revela tanto la Escritura como el poder de Dios.
Les enseña que en la resurrección la realidad será distinta y concluye con una afirmación contundente: “Dios no es Dios de mu***os, sino Dios de vivos” (Vs. 27).
Así, también los saduceos quedan sin argumento, porque su incredulidad se fundamentaba en una comprensión limitada tanto de la Escritura como del poder de Dios.
Finalmente, se acerca un escriba. A diferencia de los anteriores, él ha estado escuchando atentamente y reconoce que Jesús ha respondido bien (Vs. 28). Su pregunta no parece surgir de la confrontación, sino de un deseo genuino de comprender: “¿Cuál es el primer mandamiento de todos?”.
Jesús responde citando el Shemá de Deuteronomio 6:4–5 (RVR1960): “Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas” (Vs. 29–30). Luego añade: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Vs. 31).
El escriba reconoce la verdad de estas palabras y afirma que este mandamiento es mayor que todos los sacrificios (Vs. 32–33). Ante esta respuesta, Jesús le dice: “No estás lejos del reino de Dios” (Vs. 34).
Estas palabras son profundamente significativas. El escriba ha comprendido correctamente la esencia de la Ley y ha mostrado una actitud sincera. Sin embargo, aún no ha dado el paso completo. Está cerca del Reino, pero todavía necesita reconocer plenamente a Jesús como el Mesías y Señor.
Al comparar a todos estos grupos, vemos una diferencia clara. Muchos se acercaron a Jesús con dureza de corazón, buscando atraparlo o justificar sus propias ideas. Pero este escriba se acercó con una disposición distinta: escuchó, discernió y reconoció la verdad.
Este pasaje nos confronta con una realidad espiritual: no basta con conocer, ni con discutir, ni siquiera con entender correctamente ciertos aspectos de la verdad. Es necesario rendirse ante Cristo. El problema de fondo en todos los grupos anteriores no fue simplemente la falta de argumentos, sino no haber reconocido quién estaba delante de ellos.
Consideraron a Jesús solo como un maestro, alguien con conocimiento y autoridad en sus palabras, pero no comprendieron que estaban ante Dios mismo. Por eso intentaron cuestionarlo y debatir con Él desde sus propios sistemas religiosos y políticos. Sin embargo, Jesús no es alguien con quien se pueda disputar en ese nivel: Él no solo enseña la verdad, sino que Él es la verdad, y su autoridad procede de su propia naturaleza divina.
Así, mientras muchos quedaron en evidencia por la dureza de su corazón, aquel que se acercó con sinceridad pudo aproximarse al Reino. La diferencia no estuvo en la capacidad intelectual, sino en la disposición del corazón para reconocer quién es verdaderamente Jesús.
Jesús no era simplemente un maestro más, como muchos pensaron, sino Dios mismo manifestado. Ese fue el error central de quienes lo confrontaron: intentaron cuestionarlo desde su propia lógica, sin reconocer su identidad divina. Pero Cristo no vino solo a enseñar, sino a revelarse como la verdad absoluta ante la cual el hombre no debate, sino se rinde.
Colosenses 2:9 (RVR1960)�“Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad”.
Juan 1:1 (RVR1960)
“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”.
–¿Nos acercamos a Jesús con un corazón dispuesto a aprender, o solo para confirmar nuestras propias ideas?
�–¿Estamos reconociendo verdaderamente la autoridad de Dios sobre toda nuestra vida, o solo en ciertos aspectos?�
–¿Podría decir el Señor de nosotros que “no estamos lejos” del Reino, o ya hemos entrado plenamente por medio de la fe en Cristo?�
–¿Estamos viviendo el amor a Dios y al prójimo como el centro real de nuestra vida espiritual?
Lucas 23:1-25 Reflexión e interpretación en griego bíblico - análisis morfológico y sintáctico
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Prof. Presbítero Daniel J. H. Lee
15/06/2026
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Marcos 12:1-12
“1 Entonces comenzó Jesús a decirles por parábolas: Un hombre plantó una viña, la cercó de vallado, cavó un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. 2 Y a su tiempo envió un siervo a los labradores, para que recibiese de estos del fruto de la viña. 3 Mas ellos, tomándole, le golpearon, y le enviaron con las manos vacías. 4 Volvió a enviarles otro siervo; pero apedreándole, le hirieron en la cabeza, y también le enviaron afrentado. 5 Volvió a enviar otro, y a este mataron; y a otros muchos, golpeando a unos y matando a otros. 6 Por último, teniendo aún un hijo suyo, amado, lo envió también a ellos, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. 7 Mas aquellos labradores dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y la heredad será nuestra. 8 Y tomándole, le mataron, y le echaron fuera de la viña. 9 ¿Qué, pues, hará el señor de la viña? Vendrá, y destruirá a los labradores, y dará su viña a otros. 10 ¿Ni aun esta escritura habéis leído: La piedra que desecharon los edificadores Ha venido a ser cabeza del ángulo; 11
El Señor ha hecho esto, Y es cosa maravillosa a nuestros ojos? 12 Y procuraban prenderle, porque entendían que decía contra ellos aquella parábola; pero temían a la multitud, y dejándole, se fueron”.
(Vs. 2) 2540/ καιρῷ (καιρός): sustantivo, masculino, singular, dativo - a su tiempo señalado.
Jesús continuó hablando después de la disputa con las autoridades religiosas del pueblo. Él sabía que el problema no era la falta de entendimiento acerca de quién tiene la autoridad o de dónde proviene, sino la negativa a aceptar la verdadera autoridad, prefiriendo en su lugar una autoridad aprobada por ellos mismos. De esta manera, rechazaban a su propio Mesías esperado.
Conociendo el problema de fondo, les presentó la siguiente parábola: “Entonces comenzó Jesús a decirles por parábolas: Un hombre plantó una viña, la cercó con vallado, cavó un lagar, edificó una torre, la arrendó a unos labradores y se fue lejos” (vs. 1).
Luego añade: “Y a su tiempo (καιρῷ) envió un siervo a los labradores, para que recibiese de estos del fruto de la viña” (vs. 2). Es decir, en el tiempo debido, el tiempo señalado por el dueño del viñedo. Aquí se utiliza καιρός, no χρόνος. No se trata simplemente de un tiempo cronológico que los labradores podían contar, sino del tiempo determinado por la autoridad, el momento establecido por quien tiene el derecho legítimo.
De la misma manera, Dios ha señalado un tiempo en su autoridad para la venida de su Hijo, el Mesías, a este mundo. Pero, como en la parábola, fue rechazado y no aceptado. Asimismo, habrá también un καιρός, un tiempo señalado por Dios, para la segunda venida de Cristo y el día del juicio.
Desde el principio, los labradores no aceptaron la autoridad del dueño del viñedo. Su problema no era desconocerla, sino no reconocerla ni querer someterse a ella. Por eso actuaron como se describe en el pasaje: golpearon, humillaron y hasta mataron a los siervos enviados por el dueño. “Mas ellos, tomándole, le golpearon, y le enviaron con las manos vacías. Volvió a enviarles otro siervo; pero apedreándole, le hirieron en la cabeza, y también le enviaron afrentado. Volvió a enviar otro, y a este mataron; y a otros muchos, golpeando a unos y matando a otros” (vs. 3–5).
Mateo 23:37 (RVR1960)
“¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados!”.
Hechos 7:52 (RVR1960)
“¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo…”
Así como en la parábola los siervos fueron rechazados, golpeados y mu***os, también Dios había enviado a sus profetas una y otra vez, pero no fueron escuchados. Como está escrito: “os envié todos los profetas… pero no me oyeron” (Jeremías 7:25–26). Esto revela que el problema nunca fue la falta de mensaje, sino la dureza del corazón.
Finalmente, en un acto de misericordia, el hombre envió a su hijo amado, el heredero, quien representaba plenamente su autoridad y su derecho sobre la viña. Sin embargo, al rechazar esa autoridad, los labradores también mataron al hijo. “Mas aquellos labradores dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y la heredad será nuestra. Y tomándole, le mataron, y le echaron fuera de la viña” (vs. 7–8).
Al rechazar la verdadera autoridad, la que proviene del cielo, pensaron que podían apropiarse de lo que no les pertenecía, actuando como si la autoridad fuera suya. Así también hicieron las autoridades religiosas de Israel: sacerdotes y escribas.
Como consecuencia, lo único que queda es el juicio y la pérdida de aquello que se les había confiado. Jesús declaró: “¿Qué, pues, hará el señor de la viña? Vendrá, y destruirá a los labradores, y dará su viña a otros” (vs. 9).
Jesús introduce entonces el Salmo 118:22–23, donde se habla de la piedra rechazada que llega a ser la principal: “¿Ni aun esta escritura habéis leído: La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo; el Señor ha hecho esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos?” (vs. 10–11).
Aunque las autoridades religiosas de Israel rechazaron y no aceptaron a la verdadera autoridad, al verdadero Mesías, e incluso lo llevaron a la cruz, Él sigue siendo el Mesías y la autoridad suprema. Y llegará el día en que todos reconocerán que Él es la verdadera autoridad que proviene del cielo.
Recordamos lo que dice Filipenses 2:9–11:
“Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre; para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla… y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”.
Finalmente, al comprender que esta parábola estaba dirigida contra ellos, las autoridades reaccionaron: “Y procuraban prenderle, porque entendían que decía contra ellos aquella parábola; pero temían a la multitud, y dejándole, se fueron” (vs. 12).
-¿Reconocemos verdaderamente la autoridad de Dios o solo aceptamos lo que se ajusta a nuestra voluntad?
-¿Estamos discerniendo los tiempos de Dios (καιρός) o viviendo solo según nuestro propio tiempo (χρόνος)?
-¿Hay áreas en nuestra vida donde resistimos someternos a la autoridad de Cristo?
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Lucas 22:55-71
–¿Realmente creemos que Jesús, quien murió en la cruz, es el Cristo y el Hijo de Dios, nuestro Salvador y Señor?
12/06/2026
Hoy ha empezado el curso de griego bíblico nivel 2 - intermedio.
08/06/2026
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Marcos 11:27-33
“27 Volvieron entonces a Jerusalén; y andando él por el templo, vinieron a él los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos, 28 y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas, y quién te dio autoridad para hacer estas cosas? 29 Jesús, respondiendo, les dijo: Os haré yo también una pregunta; respondedme, y os diré con qué autoridad hago estas cosas. 30 El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres? Respondedme. 31 Entonces ellos discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? 32 ¿Y si decimos, de los hombres…? Pero temían al pueblo, pues todos tenían a Juan como un verdadero profeta. 33 Así que, respondiendo, dijeron a Jesús: No sabemos. Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas”.
(Vs. 33) 1492/ οἴδαμεν (εἴδω): verbo indicativo, perfecto, activa, 1ra. plural - no hemos sabido realmente desde el principio.
En este pasaje bíblico encontramos una escena profundamente reveladora. Esta conversación —o, mejor dicho, disputa— ocurre después de que Jesús ya había entrado a Jerusalén, recibido por el pueblo, y de haber expulsado a los vendedores del templo. “Volvieron entonces a Jerusalén; y andando él por el templo, vinieron a él los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos” (Vs. 27).
No era un encuentro casual. Se trataba de una delegación oficial del liderazgo religioso de Israel, una especie de “tribunal” que representaba la máxima autoridad espiritual del pueblo. Ellos se acercan con un cuestionamiento formal.
Lo ocurrido en la escena anterior —la bienvenida del pueblo y la expulsión de los vendedores del templo— provocó que las autoridades religiosas (sacerdotes, escribas y ancianos) cuestionaran su autoridad.
Ellos le preguntaron: “¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿y quién te dio autoridad para hacer estas cosas?” (Vs. 28). No buscaban conocer la verdad, sino desacreditarlo. En el fondo, estaban preguntando: ¿Qué tipo de autoridad tienes? ¿Quién te la otorgó?
Si entendemos el sistema por el cual se regía aquella sociedad, toda autoridad debía venir de Dios, pero ser validada por ellos o por la tradición rabínica. Sin embargo, no comprendían que Jesús no dependía de ninguno de esos canales humanos, porque Él es el Hijo de Dios, que proviene del cielo y posee autoridad propia. Y precisamente eso era lo que no querían aceptar.
Si Jesús respondía directamente “de Dios”, lo acusarían de blasfemia; y si decía “de los hombres”, perdería credibilidad. Era una pregunta tramposa, hecha con la intención de acusarlo.
Esto también ocurre en nuestra vida cotidiana. Ante la declaración de la verdad, muchos no buscan comprenderla, sino discutirla, imponiendo su incredulidad con arrogancia. Lo vemos incluso hoy en distintos espacios, donde se opina sin disposición a reconocer la verdad, sino solo para debatir.
Ante esta pregunta, Jesús responde con una contrapregunta: “El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres? Respondedme” (Vs. 30).
Jesús menciona a Juan el Bautista porque era reconocido por el pueblo y, además, había dado testimonio acerca de Él. Como dice Evangelio de Juan 1:29: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”.
Es como si Jesús dijera: “Si entienden a Juan, entenderán mi autoridad”. Pero ellos no respondieron con sinceridad. Comenzaron a razonar entre sí: “Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? ¿Y si decimos, de los hombres…?” (Vs. 31-32).
Esto muestra que no buscaban la verdad, sino que hacían un cálculo político. Temían perder su reputación. Temían al pueblo, pero no a Dios. Su intención nunca fue genuina.
Finalmente respondieron: “…No sabemos (οἴδαμεν)…” (vs. 32). No se trataba de una verdadera falta de conocimiento, sino de una respuesta deliberadamente evasiva. El uso de οἴδαμεν (“sabemos”) no expresa aquí ignorancia genuina, sino una negativa a reconocer lo que, en el fondo, comprendían. No es que carecieran de criterio para evaluarlo ni que no lo hubieran considerado; simplemente no quisieron comprometerse con la verdad.
Su respuesta revela una postura intencional: prefirieron aparentar desconocimiento antes que admitir una conclusión que los confrontaría. Así, su “no sabemos” se convierte en una forma de encubrir su incredulidad y proteger sus propios intereses. No era ignorancia, sino conveniencia.
Entonces Jesús les dijo: “Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas” (Vs. 33). No fue una evasión, sino un juicio sobre su incredulidad.
El tema de fondo no era solo la autoridad, sino la disposición del corazón. Aquellos que decían ser la autoridad espiritual del pueblo carecían de voluntad para aceptar la verdad. No querían reconocer a Jesús como el Mesías esperado ni como el Hijo de Dios.
Jesús no recibe autoridad humana ni se somete a validación religiosa. Él actúa con autoridad inherente, porque su autoridad proviene de su propia naturaleza divina.
Por eso, el verdadero problema no era falta de evidencia, sino un corazón que no quería rendirse a la verdad.
Este pasaje nos confronta: no se trata solo de reconocer quién es Jesús, sino de si estamos dispuestos a someternos a su autoridad. Porque cuando el corazón no quiere creer, siempre encontrará una excusa; pero cuando hay sinceridad, la verdad de Cristo se hace evidente.
Juan 10:18 (RVR1960)
“Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre”.
Mateo 28:18 (RVR1960)
“Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra”.
-¿Estamos buscando sinceramente la verdad o solo defender nuestra propia opinión?
-¿Reconocemos la autoridad de Jesús en todas las áreas de nuestra vida?
-¿Hay áreas donde evitamos responder a Dios por conveniencia?
-¿Tememos más la opinión de las personas que la voluntad de Dios?
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Lucas 22:24-54
–¿Realmente creemos que es de suma importancia mantenernos en oración, como costumbre y rutina de vida, para no caer en tentación?
–¿Sabemos y creemos que nuestras oraciones serán intercedidas por nuestro Jesucristo y el Espíritu Santo?
02/06/2026
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