Brit Olam Santa Cruz

Brit Olam Santa Cruz

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Proporcionar enseñanzas útiles y necesarias extraídas de la Toráh de Moshé y de los sabios de Israel para los Noájidas del mundo hispano.

23/06/2026

Fragmentos del Resumen del Curso de Leyes Noájidas N.º 35 del
Rabino Ariel Groisman- Normas sobre el Respeto a los Seres Vivos Parte 5
Acceso al Audio: https://youtu.be/Qm4HqIioPdk
La Torá enseña que el ser humano debe tener respeto por todos los seres vivos: los animales, las plantas y también los recursos naturales. Este tema forma parte del respeto a la creación y está relacionado con la responsabilidad que el Eterno dio al hombre dentro del mundo.
D-os creó la vegetación, los árboles, los frutos, los seres acuáticos, las aves, los animales terrestres y al ser humano con la capacidad de reproducirse, pero cada uno según su especie. Esta expresión, “según su especie”, marca una regla fundamental en el orden de la creación.
El Creador dio a cada ser vivo la capacidad de multiplicarse y continuar al infinito, pero con una condición: que cada especie conserve su propio orden. Por eso, cuando el ser humano mezcla especies diferentes de manera contraria a ese orden, no está simplemente haciendo una modificación técnica; está alterando el orden natural que D-os determinó para el mundo.
El ser humano no es dueño de la vida. El ser humano es centinela, guardia y guardián de la creación, pero no es dueño de la creación para hacer lo que le plazca. La vida y el orden de la creación pertenecen al Eterno.
Cuando una persona observa la naturaleza con atención, puede reconocer en ella la mano de D-os. Cada árbol, cada fruto, cada animal y cada ser humano lleva una continuidad que remite al origen de la creación. Por eso, preservar el orden de las especies también es una forma de reconocer al Creador.
La Torá prohíbe que el ser humano provoque ciertas cruzas entre diferentes especies de animales, y también prohíbe determinados injertos entre diferentes especies de árboles frutales. Esta prohibición surge de la Torá Oral revelada a Moshé en el Sinaí, y forma parte de la normativa que también corresponde al noájida.
Incluso si dos especies diferentes de animales parecen similares, y aunque puedan tener crías mediante apareamiento, está prohibido cruzarlas entre sí. La apariencia externa o la posibilidad biológica de reproducción no eliminan la prohibición cuando se trata de especies diferentes.
No toda intervención sobre la naturaleza está prohibida. Las mejoras dentro de una misma especie, como ciertas modificaciones genéticas o injertos entre variedades de la misma familia, pueden estar permitidas. El problema no es mejorar la creación para servir al ser humano, sino colocarse en el lugar del Creador inventando mezclas que rompen el orden original.
La prohibición no siempre recae sobre el resultado, sino sobre el acto realizado. Por eso, si bien está prohibido cruzar dos especies, la cría resultante puede estar permitida para su consumo o utilización. Aun así, no se alienta ni se considera conveniente buscar beneficio de aquello que surge de una acción prohibida por la Torá.
El mundo y toda la creación son el jardín de D-os. El ser humano fue colocado en ese jardín para desarrollarlo y protegerlo, no para dominarlo con arrogancia ni para repudiar al Creador. Nuestra función es preservar la naturaleza, desarrollar la sociedad y actuar como guardianes responsables de aquello que D-os puso bajo nuestro cuidado.
Que el Eterno nos ayude a mirar la creación con humildad, respeto y responsabilidad. Que sepamos reconocer que no somos dueños del mundo, sino guardianes de Su jardín. Y que cada decisión que tomemos sobre la naturaleza, los animales, las plantas y los recursos del planeta esté guiada por la conciencia de que todo pertenece al Creador y debe ser tratado conforme a Su voluntad.

23/06/2026

Fragmentos del Resumen de la Clase Nro 34 del Curso de Leyes Noájidas del Rabino Ariel Groisman - Normas sobre el Respeto a los Seres Vivos Parte 4
Acceso al AUDIO: https://youtu.be/_GuwJO3DTlU
Si una persona ve un animal enfermo o herido en medio del camino, no tiene permitido pisarlo y seguir adelante, porque eso sería causarle un sufrimiento innecesario. Debe esquivarlo siempre que pueda hacerlo sin poner en peligro su vida, la de sus acompañantes o la de otros conductores.
Sin embargo, si al intentar esquivarlo se genera un riesgo real para la vida humana, entonces la preservación de la vida del ser humano tiene prioridad. Por eso cuando analizamos las leyes noájidas, cada caso debe analizarse según su contexto, y no se deben sacar conclusiones sin estudiar toda la normativa y ante la duda, consultar a rabinos expertos.
Es fundamental cuidar el lenguaje, especialmente cuando se habla de la vida, la familia, la creación y la relación entre el ser humano y los animales. No se deben utilizar términos como “asesinato” o “eutanasia” en animales ya que corresponden propiamente a los seres humanos, porque implican una condición moral y jurídica que los animales no poseen. Aplicarlos a los animales introduce una confusión ética y conceptual: se humaniza al animal, se deshumaniza al hombre y se debilita la jerarquía moral establecida por el Creador.
Esta no es una cuestión meramente lingüística. Hoy se libra una batalla cultural en el terreno del lenguaje, donde las palabras son usadas para modificar la percepción moral de la realidad. Por eso, el monoteísta debe aprender a hablar como noájida, cuidando sus palabras y desarticulando discursos que buscan alterar el orden social establecido por la Torá. Un ejemplo de esto es llamar “matrimonio igualitario” a la unión entre personas del mismo s**o, cuando desde la visión de la Torá no corresponde hablar de matrimonio entre personas del mismo s**o, pues no se debe alterar el sentido original del matrimonio.
Por esta razón, tampoco corresponde hablar de “eutanasia” en animales. El Código Noájida no permite causar a un animal una muerte, entre comillas, “piadosa”, porque esa muerte no sería realmente piadosa. La Torá permite matar animales para consumo o para un provecho legítimo del ser humano, pero no simplemente porque el animal está enfermo, sufre, envejeció o porque su cuidado incomoda a la persona.
Los animales, al igual que todos los seres vivos, envejecen, se enferman y finalmente mueren. Ese proceso forma parte del orden natural dispuesto por D-os. Él es quien da la vida al ser humano, al animal y a todo ser viviente, y solo Él determina cuándo comienza y cuándo concluye cada vida. La vida no es mía; la vida es de D-os. Él da permiso en ciertos casos para tomarla, pero no para alterar el momento de la muerte por comodidad humana o por una falsa idea de piedad.
Que el Eterno nos ayude a ordenar nuestra mente, nuestras palabras y nuestras acciones conforme a Su Torá.
Que sepamos respetar la vida de todo ser vivo, no causar sufrimiento innecesario a los animales, y al mismo tiempo conservar con claridad la diferencia esencial entre el ser humano y el animal.
Que aprendamos a actuar con responsabilidad, a consultar cuando no sabemos, y a no dejarnos arrastrar por un lenguaje que confunde el orden establecido por D-os.
La vida no nos pertenece; la vida pertenece al Creador. Y vivir como noájidas implica reconocer ese orden, cuidarlo y obedecerlo con humildad.

22/06/2026

Fragmento de la Clase Nro. 34 del Curso de Leyes Noajidas del Rabino Ariel Groisman de su canal en YouTube https://www.youtube.com/

21/06/2026
21/06/2026

Fragmentos del Resumen del Curso de Leyes Noájidas Nro. 33 del Rabino Ariel Groisman – Normas sobre el Respeto a los Seres Vivos Parte 3
Acceso al AUDIO del Resumen> https://youtu.be/JVEJs1n7434
La Toráh enseña que el ser humano puede ejercer dominio sobre los animales, pero ese dominio no es absoluto. D-os puso a los animales al servicio del hombre para un provecho legítimo: trabajo, alimento, sustento, compañía o protección. Pero jamás para dañarlos, lastimarlos o hacerlos sufrir sin sentido.
Hacer sufrir innecesariamente a un animal se llama Tzaar Baalei Jaim. Esto incluye herir, dañar, abandonar, maltratar o utilizar a un ser vivo sin una razón justificada en provecho para el ser humano. La Toráh permite usar animales, pero no autoriza la crueldad.
Si un animal está bajo tu responsabilidad, como mascota, animal de trabajo o protección, no puedes desentenderte de él. Primero debes darle de comer al animal que depende de ti, según su necesidad, y después ocuparte de tu propia comida. Tener un animal no es un juego; es una responsabilidad.
No se puede usar al animal cuando sirve y, cuando ya no sirve, echarlo a la calle. Si una persona adopta, compra o toma bajo su dominio a un animal, debe hacerse cargo de su bienestar hasta que el animal muera naturalmente. Abandonarlo también puede convertirse en un peligro público para otros seres humanos.
La Toráh permite causar un mínimo sufrimiento al animal cuando existe un beneficio legítimo para el ser humano, pero ese sufrimiento debe ser reducido al mínimo. Incluso cuando un animal va a ser faenado, no se lo debe hacer sufrir innecesariamente, ni dejarlo sin comida, ni transportarlo de manera cruel.
Cuando un animal causa un daño real al ser humano, destruye patrimonio, transmite enfermedades o pone en peligro la vida, está permitido tratar el problema e incluso darle muerte si es necesario. En ese caso no se considera crueldad, porque hay una razón concreta y útil que lo justifica.
No todo problema con animales debe resolverlo el individuo por su cuenta. Hay asuntos que pertenecen al orden colectivo. Si un animal enfermo se convierte en foco de infección, o si una plaga afecta a la comunidad, el caso debe derivarse a la autoridad correspondiente. La Toráh habla al individuo, pero también organiza la vida social.
La llamada “muerte piadosa” de un animal enfermo no está permitida para el individuo. La Toráh permite matar animales para consumo o provecho legítimo, pero no simplemente porque el animal sufre, porque está viejo o porque su cuidado incomoda. D-os da la vida y D-os determina cuándo termina.
Debemos respetar al animal como animal. No hay que humanizarlo. Darle comida, cuidado, higiene y atención es correcto; pero proyectar en él carencias humanas, vestirlo por vanidad, teñirlo, tratarlo como persona o exigirle conductas humanas es desnaturalizarlo, y también eso puede causarle sufrimiento.
La espiritualidad no es solamente rezar. Obedecer estas normas también es espiritualidad de la Toráh. Cuidar la creación, respetar los límites, asumir responsabilidad y actuar de acuerdo con la voluntad de D-os es parte del camino noájida.
Que el Eterno nos ayude a comprender que el dominio que nos fue dado sobre los animales no es permiso para la crueldad, sino una responsabilidad delante de Él.
Que aprendamos a respetar la vida de todo ser vivo, a no causar sufrimiento innecesario, y a cuidar con seriedad a los animales que están bajo nuestra responsabilidad.
La espiritualidad no se expresa solo en palabras o rezos, sino también en la forma en que tratamos la creación de D-os, respetando sus límites, actuando con conciencia y viviendo conforme al camino noájida.

15/06/2026

Es importante que sepas esto.

14/06/2026

No se trata de religión. Se trata de verdad...

14/06/2026

La verdad es que muchas veces no entendemos la fuerza espiritual del dar.
No se trata solamente de entregar una moneda para calmar la conciencia. Se trata de mirar a una persona que necesita alimentarse y preguntarnos: “¿Puedo darle algo que realmente le ayude? ¿Puedo cubrirle al menos una comida? ¿Puedo darle no sólo lo que me sobra, sino algo que tenga valor para él y también significado para mí?”
El dinero no es solamente papel o números en una cuenta. El dinero es una energía poderosa que el Eterno pone en nuestras manos para administrarla correctamente. Con dinero nos alimentamos, vestimos a nuestra familia, compramos medicinas, nos movemos, construimos, celebramos y sostenemos la vida.
Por eso, cuando una persona da Tzedaká (ayuda monetaria) con sinceridad, eleva su dinero. Lo convierte en vida, alimento, abrigo, esperanza y mérito espiritual.
Si el Eterno puso delante de ti a una persona necesitada, mueve tú tu corazón a misericordia, no ignores ese momento. Esa persona no llegó a ti por casualidad. El Creador te está dando la oportunidad de transformar tu dinero en justicia.
Da lo que puedas, pero da un monto que tenga significado para ti. Que lo sientas. No des sólo lo que no te importa perder. Da algo que al otro realmente le haga falta.
No midas al necesitado desde la peor versión de ti mismo. No todos los que piden quieren aprovecharse. Muchos sólo están esperando que alguien los mire con misericordia y dignidad. Entiende que para cualquier persona pedir duele.
Porque cuando das bien, no sólo entregas dinero. Entregas vida. Entregas energía. Entregas alegría. Entregas sostén. Y al mismo tiempo, algo dentro de ti empieza a cambiar.
Tu alma se vuelve más sensible. Tu corazón se vuelve más amplio. Tu mirada se vuelve más humana. Y la alegría entra en tu interior, porque sabes que hiciste algo correcto, justo y agradable ante el Eterno.
Y cuando des, no des sólo con la mano. Da también con la boca. Acompaña tu ayuda con palabras que levanten:
“Ánimo. Que el Eterno lo bendiga. La mano del Creador no lo abandona. Confíe en Él, háblele, porque Él escucha.”
La Tzedaká no empobrece al alma. La engrandece.
El que ayuda al necesitado ahorra en el Cielo y recoge intereses en esta tierra.

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