12/08/2021
UNA ANÉCDOTA Y UN ARTÍCULO.
LA ANÉCDOTA.
Entré al portal de la casa donde un joven freía y vendía coquetas que salían del aceite como perfectos cilindros circulares rectos, doraditas y tostadas. Comí hasta que la tasa de servicio de mi estómago (primera derivada) se volvió inferior a la tasa de llegada de las croquetas a mi boca, un clásico problema matemático o fenómeno de espera, muy conocido como cola. Cuando fui a pagar el joven me dijo: "No debe nada, profe, va por la casa. Fui alumno de su clase de matemáticas, poco tiempo, por eso no se acuerda de mí." Ni me molesté en preguntarle, conozco la respuesta. Le di las gracias y un sincero apretón de manos. Me sentí pésimo, las croquetas bajaban por mi tubo digestivo rasgándome las entrañas, como perfectas pirámides regulares rectas y un libro que llevaba en la mano nunca me pesó tanto.
EL ARTÍCULO.
Así concluye un estudio, publicado en tiempo reciente por la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, en el que participaron 87 estudiantes de Reino Unido, de entre 16 y 18 años. El objetivo era dilucidar si la educación matemática antes del bachillerato inducía cambios en el cerebro. De forma sorprendente, los investigadores hallaron que la concentración del neurotransmisor GABA permite conocer, casi con un 90 por ciento de fiabilidad, si un alumno ha cursado, o no, estudios de matemáticas. Además, los niveles de base del neurotransmisor no influyeron en dicha relación. Es decir, el aumento de GABA aparecía tras estudiar matemáticas, ya que los investigadores no hallaron diferencias entre los grupos antes de elegir la materia.
Pero, ¿qué papel desempeña GABA en el cerebro? Cuando esta molécula se une a sus receptores, localizados en la superficie de las neuronas, inhibe la transmisión de los impulsos nerviosos. Su acción complementa la de otros neurotransmisores excitatorios, como el glutamato, que favorecen la comunicación entre las neuronas. Durante la juventud, el equilibrio entre la inhibición y la excitación define períodos críticos del desarrollo cerebral, que facilitan la plasticidad. Es decir, la formación de nuevas conexiones para almacenar conocimientos y habilidades. El componente excitatorio siempre se halla presente, mas la inhibición por GABA puede resultar insuficiente. No obstante, la investigación de George Zacharopoulos y sus colegas de Oxford muestra que cursar matemáticas puede potenciar la función inhibidora de GABA.
En los estudiantes de matemáticas, la producción de GABA resulta crucial para una zona del cerebro conocida como corteza frontal medial. Esta área participa en el razonamiento complejo, que a menudo requiere bloquear las respuestas intuitivas sin fundamento. También interviene en el razonamiento de tipo algorítmico, que precisa de un pensamiento metódico, desplegado en el tiempo, con el fin de alcanzar un objetivo preciso. Y al parecer, GABA favorece estos dos procesos, pues la corteza frontal medial, de los estudiantes con niveles altos del neurotransmisor, desconecta fácilmente las otras áreas del cerebro durante el razonamiento, para evitar distracciones y sesgos. Por el contrario, en los alumnos con niveles bajos de GABA, todas las áreas del cerebro se activan al mismo tiempo, hecho que consume energía y dificulta concentrarse en el proceso de razonamiento.
Así pues, desarrollar toda la plasticidad cerebral durante la adolescencia, así como adquirir la capacidad de inhibición, favorece que el cerebro razone sin fallos. Por consiguiente, las matemáticas sí resultan de utilidad para toda la vida.
Sébastien Bohler
Referencia: «The impact of a lack of mathematical education on brain development and future attainment», de G. Zacharopoulos et al., en Proceedings of the National Academy of Sciences. 118 (24) e2013155118, publicado el 15 de junio de 2021.
20/06/2021
23/03/2021
23/01/2021
23/01/2021
12/12/2020