17/06/2026
EL LANZAMIENTO DEL PRIMER SATÉLITE MEXICANO PARA EL MUNDIAL DE FÚTBOL DE 1986
La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) recomienda, por el bien de su propia economía y en beneficio de los ciudadanos, que los países inviertan al menos el 1% de su producto interno bruto (PIB) anual en el desarrollo de sus áreas científicas y tecnológicas. En tanto los países líderes en desarrollo tecnológico (Estados Unidos, China, Japón y Corea del Sur) invierten entre el 2 y el 4.5% de su PIB en ciencia y tecnología, en 2025 México dedicó sólo el 0.16% de su PIB a dichas áreas. La importancia de la inversión en ciencia y tecnología es debida a que permite a mediano y largo plazo la implementación de tecnologías que facilitan u optimizan el acceso de la población a servicios como los de educación, salud y seguridad, con lo que crece la calidad de vida.
Ahora bien, no es nueva la desatención gubernamental en México del desarrollo de tecnologías nacionales que puedan ser aprovechadas plenamente por la población. Un ejemplo claro es la historia de cómo México llegó a poner en órbita terrestre su primer satélite propio.
Curiosamente, la primera vez que el gobierno de México recurrió al uso de tecnología satelital, en 1968, no fue, por ejemplo, para facilitar que las comunidades de áreas rurales del país alejadas de centros educativos pudieran aprender a leer y escribir, sino con el objetivo de que el gobierno entonces presidido por Gustavo Díaz Ordaz pudiera transmitir los Juegos Olímpicos celebrados en el país a todo el mundo, para lo cual se rentaron los servicios y el equipo satelitales de la NASA (la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio de Estados Unidos).
Años después, la decisión de lanzar el primer satélite mexicano al espacio se debió a que la televisora Televisa anunció al gobierno del presidente Miguel de la Madrid en 1980 su plan de instalar un sistema propio de emisión televisiva por vía satelital que pudiera servir para transmitir los partidos del Mundial de Fútbol de 1986 que tuvo como sede a México, con lo cual se pensaba aumentar las ganancias económicas de Televisa al hacer innecesaria la renta de satélites televisivos de empresas extranjeras.
Así, en medio de una crisis económica nacional y debido a la presión ejercida por Televisa, el gobierno de Miguel de la Madrid accedió a responsabilizarse por la construcción de un satélite de difusión directa, que tiene el uso limitado de servir sólo para la transmisión de señales televisivas, para la telefonía y para la transmisión de datos, con lo que se dejaban fuera del plan original usos de procesamiento de información que beneficiarían a industrias como la agrícola, la minera y la petrolera. Tanta fue la influencia política de Televisa en la decisión del gobierno que fue Televisa, y no el gobierno mexicano, quien escogió a la empresa estadounidense que se encargó de construir el satélite. Fue así como el 17 de junio de 1985, con un lanzamiento desde Cabo Cañaveral, en Florida, Estados Unidos, al que asistió el mismo presidente De la Madrid, que el transbordador Discovery de la NASA puso en órbita el primer satélite mexicano propiedad del gobierno federal, llamado Morelos I.
Aunque a lo largo de gobiernos posteriores se lanzaron otros satélites mexicanos para orbitar la Tierra como parte de distintos proyectos de desarrollo tecnológico, todos estos proyectos fueron eventualmente desatendidos o relegados por falta de una visión a largo plazo que permitiera dar continuidad a la construcción de infraestructura mexicana para el desarrollo de conocimiento científico por medio de tecnología satelital. En la actualidad, México tiene en operaciones sólo dos satélites pertenecientes al gobierno mexicano, el Bicentenario y el Morelos III; los demás, incluido el original Morelos I, dejaron de operar y se convirtieron en basura espacial inubicable debido a faltas de combustible o a fallas en sus sistemas de procesamiento.
Así recordamos hoy la historia curiosa del lanzamiento al espacio del primer satélite mexicano hace 41 años, el 17 de junio de 1985, con el fin de hacer hincapié en la importancia de desarrollar y apoyar desde el Estado proyectos que permitan poner al servicio del bienestar de la población en general los avances científicos y tecnológicos.
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