Gran Oriente del Perú

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Masonería moderna, liberal y adogmática.

26/06/2026

♟️⚖️🪶❤️‍🔥 Cambiar de vida casi nunca ocurre de un día para otro. Antes de que cambie nuestra realidad, primero cambia la forma en la que pensamos, las decisiones que tomamos y los hábitos que repetimos cada día. Muchas personas quieren resultados diferentes, pero pocas se detienen a revisar el proceso que las está llevando exactamente al mismo lugar de siempre.

A veces creemos que necesitamos más motivación, más dinero o más tiempo, cuando en realidad lo que necesitamos es hacernos las preguntas correctas. ¿Dónde estoy? ¿Qué quiero realmente? ¿Qué creencias me están frenando? ¿Qué hábitos necesito construir? Son preguntas incómodas, pero también son las que tienen el poder de cambiar una vida entera.

Con el tiempo entendí que el crecimiento personal no consiste en convertirse en alguien diferente, sino en dejar atrás todo aquello que ya no aporta nada a nuestra vida. Cada pequeño cambio que haces hoy, por insignificante que parezca, puede convertirse en el comienzo de una historia completamente distinta dentro de unos años.

Quizá el primer paso no sea correr más rápido ni esperar el momento perfecto. Tal vez el primer paso sea detenerte unos minutos, mirar tu propio proceso y preguntarte con total honestidad si el camino que estás recorriendo hoy te está acercando a la persona que realmente quieres llegar a ser.

M.•.R•.M.

26/06/2026

De la humildad intelectual a la apertura al aprendizaje

Reconocer que cada persona posee una habilidad innata, una vivencia única o una perspectiva diferente que me supera, hace trascender mi arrogancia y convertir el ego en un humilde aprendiz que puede observar sin juzgar y aprender en vez de competir.
Esa es la manera de transformar el mundo en un centro de aprendizaje continuo e infinito y cada encuentro propicia una lección que nos enriquece sin medida.
Para Sócrates, reconocer la propia ignorancia es el inicio de la sabiduría, y cada interlocutor común es siempre un maestro potencial.
Para Confucio, en cualquier trío hay quien puede enseñarme, pues cada persona destaca en una virtud.
Para Emerson, la superioridad ajena es el sustento del espíritu.
Para Simone Weil, esa atención humilde y descentrada del yo constituye el verdadero ejercicio intelectual más puro y elevado.
Para la masonería, cada hermano posee una perspectiva única de la Verdad; reconocer la superioridad ajena, lima el orgullo, abre la mente y fomenta la escucha atenta, transformando cada interacción en un encuentro donde se recibe luz.
La enseñanza en Logia es un diálogo perpetuo donde todos son aprendices y maestros; el verdadero reconocimiento no está solo en enseñar, sino en la disposición permanente de ser transformado por las lecciones que otros sin saberlo, nos ofrecen.

*"En la Logia, el que enseña aprende y el que aprende enseña, porque la verdadera luz hermana siempre es compartida"*.

Carlos Rondón M∴ M∴

24/06/2026

El Misterio del Número Tres...

El tres es el primer número verdaderamente sagrado. El uno es la unidad indivisible; el dos, la separación y el reflejo; pero el tres es la reconciliación de los opuestos, el nacimiento de la conciencia y el umbral donde comienza toda verdadera iniciación.

El tres representa la ley de la manifestación. Ninguna fuerza puede hacerse visible sin la interacción de tres principios: activo, pasivo y equilibrante. Es el triángulo primordial que sostiene los mundos, la llave secreta mediante la cual lo invisible adquiere forma en lo visible.

El tres es el símbolo de la chispa divina descendiendo a la materia para despertar nuevamente a su origen. Espíritu, alma y cuerpo constituyen la triple vestidura del iniciado, quien debe aprender a armonizar estas tres dimensiones para recordar quién es realmente. La iniciación no consiste en adquirir conocimiento externo, sino en reunir estos tres aspectos dispersos de sí mismo hasta convertirlos en una sola llama.

Todo sendero iniciático está marcado por el tres. Tres son las pruebas del buscador: vencer la ignorancia, dominar el miedo y trascender la ilusión. Tres son las etapas del despertar: búsqueda, comprensión y realización. Tres son los pasos que conducen desde la oscuridad profana hasta la Luz interior.

El triángulo, figura perfecta del número tres, señala siempre hacia arriba, recordando al iniciado que su destino es elevarse. Sus tres vértices representan la sabiduría que guía, la fuerza que sostiene y la belleza que perfecciona. Cuando estas tres columnas son equilibradas dentro del ser humano, el templo interior comienza a edificarse.

Por ello, el tres no es únicamente un número: es una clave. Es la señal de que la dualidad ha sido superada y que una nueva conciencia está naciendo. Allí donde aparece el tres, el misterio comienza a revelarse. Allí donde el iniciado comprende el tres, descubre que toda creación, toda transformación y toda iluminación obedecen a una misma ley eterna: la unión de los contrarios en una realidad superior.

El tres es la puerta de la iniciación, el sello de los misterios y el eco silencioso de la Trinidad Oculta que habita en el corazón del universo y en las profundidades del alma humana.

23/06/2026

24 de junio: San Juan Bautista, Voz que Clama en el Desierto.

Juan el Bautista es el único santo, además de la Madre del Señor, cuyo nacimiento según la carne celebra la Iglesia. Este hecho singular revela la grandeza de su misión y la profundidad de su misterio. Su venida al mundo fue anunciada por el ángel como preludio de la Encarnación, y su vida entera estuvo marcada por la vocación profética que lo convirtió en el Precursor del Mesías, el que señala al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. En él se cumple la promesa antigua y se abre el camino de la nueva alianza. Su nacimiento, tres meses después de la Anunciación y seis antes de la Navidad, está impregnado de alegría mesiánica, como lo narra el evangelio de San Lucas, cuando el niño salta en el seno de Isabel ante la visita de María, portadora del Salvador. Desde el vientre materno, Juan es ya profeta, lleno del Espíritu Santo, y su existencia se convierte en signo de esperanza para toda la humanidad.

La figura de Juan el Bautista ocupa un lugar central en la Espiritualidad Templaria. La Orden del Temple lo venera como patrono y protector, reconociendo en él el modelo del Caballero que prepara el camino del Señor con austeridad, pureza y valor. En la Regla Histórica, redactada bajo la inspiración de San Bernardo, se exhorta al Templario a vivir con espíritu de penitencia, obediencia y contemplación, virtudes que resplandecen en la vida del Bautista. Él es el asceta del desierto, el hombre que renuncia a todo por la verdad, el testigo que no teme enfrentarse al poder para defender la justicia divina. Su voz, que clama en el desierto, es también la voz del Temple, que llama a la conversión, a la pureza de intención, al servicio de la fe y al compromiso.
Juan el Bautista representa la frontera entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Es el último de los profetas y el primero de los testigos del Cristo. Su bautismo de penitencia prepara el corazón humano para recibir el bautismo del Espíritu. En las aguas del Jordán, donde el pueblo se purifica, se revela el misterio de la humildad divina: el Hijo de Dios se somete al rito de los hombres para santificar las aguas y abrir el camino de la salvación. En ese instante, el cielo se abre y la voz del Padre proclama: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”. Juan contempla el cumplimiento de su misión y reconoce al Cordero de Dios. Su palabra se convierte en anuncio y su gesto en profecía. La grandeza del Bautista no está en los milagros, sino en su fidelidad absoluta a la verdad.
Los Padres de la Iglesia vieron en Juan el modelo del profeta perfecto. San Agustín lo llama “la voz que precede al Verbo”, porque su misión es anunciar la Palabra que viene al mundo. San Jerónimo lo describe como “el asceta que viste de humildad y fuego”, símbolo de pureza y penitencia. San Gregorio Magno lo presenta como “el límite entre la Ley y la Gracia”, el hombre que señala el paso del tiempo antiguo al tiempo nuevo. En la patrística, Juan es el espejo de la obediencia y la fortaleza, el que no busca gloria humana, sino que se alegra al ver crecer la luz de Cristo. “Conviene que Él crezca y que yo disminuya”, dice el Bautista, y en esa frase se resume toda la espiritualidad cristiana: la humildad que abre el alma a la plenitud de Dios.
La escolástica medieval, con Santo Tomás de Aquino, profundizó en la figura del Bautista como testigo de la verdad. Tomás enseña que Juan es el profeta que une la razón y la fe, porque su mensaje de conversión no es solo moral, sino ontológico: llama al hombre a volver a su origen, a restaurar la imagen divina perdida por el pecado. En su comentario al Evangelio de Juan, el Doctor Angélico afirma que el Bautista es “luz que anuncia la Luz”, y que su testimonio es necesario para que la humanidad reconozca la presencia del Verbo encarnado. La escolástica ve en él el modelo del predicador que no busca convencer por el poder de la palabra, sino por la fuerza del ejemplo. Su vida austera, su retiro en el desierto, su ayuno y su oración son expresión de la sabiduría que nace del silencio y de la contemplación.
La Regla del Temple, en su espíritu más profundo, refleja esta misma enseñanza. El Caballero Templario, como Juan, está llamado a ser voz que clama en el desierto del mundo moderno, donde la fe se debilita y la verdad se oculta. Su misión no es solo defender los lugares santos, sino custodiar la pureza del corazón y la integridad de la doctrina. El Bautista enseña que la verdadera fortaleza no está en la espada, sino en la fidelidad al Espíritu. Su martirio, al ser decapitado por orden de Herodes, es símbolo de la victoria de la verdad sobre la corrupción. En su sangre se sella el testimonio del profeta que no teme morir por la justicia. Así también el Templario, en su voto de obediencia y sacrificio, se une a la voz del Bautista que proclama la llegada del Reino.
La Biblia nos muestra a Juan como el hombre del desierto, vestido con piel de camello y alimentado de miel silvestre, signo de desprendimiento y pureza. Su vida es una constante preparación para el encuentro con Cristo. En el Evangelio de Lucas, su nacimiento está rodeado de prodigios: el silencio de Zacarías, la alegría de Isabel, la visita de María. Todo anuncia la irrupción de la gracia. En el Evangelio de Mateo, su predicación es fuerte y directa: “Convertíos, porque el Reino de los cielos está cerca”. En el Evangelio de Juan, su testimonio alcanza la plenitud: “Yo no soy el Cristo, sino el que ha sido enviado delante de Él”. En estas palabras se revela la humildad del profeta que reconoce su lugar en el plan divino. Su misión es preparar, no ocupar; señalar, no retener; abrir el camino, no cerrarlo.
Teólogos modernos como Hans Urs von Balthasar han visto en Juan el Bautista el símbolo de la espera activa, del alma que se prepara para la revelación. Balthasar lo describe como “el hombre que vive entre el silencio y el grito”, porque su vida es oración y anuncio. Karl Rahner lo considera “el profeta de la frontera”, aquel que vive entre el tiempo y la eternidad, entre la promesa y el cumplimiento. Joseph Ratzinger, en su teología del bautismo, lo presenta como “el testigo de la purificación interior”, el que enseña que la conversión no es solo un acto exterior, sino una transformación del corazón. En todos ellos, Juan aparece como figura de la autenticidad espiritual, ejemplo de coherencia y fidelidad.
Para la Orden del Temple, la fiesta del 24 de junio es más que una conmemoración litúrgica: es un acto de renovación espiritual. En este día, los caballeros y hermanas del Temple recuerdan que su vocación es preparar el camino del Señor en medio del mundo. San Juan Bautista es el patrono que enseña a vivir con austeridad, con pureza, con valor y compromiso. Su vida es espejo de la Regla, que llama a la oración constante, al servicio fraterno y a la defensa de la verdad. En su figura se une la fuerza del guerrero y la humildad del profeta, la acción y la contemplación, la espada y el silencio. Su voz resuena en cada capítulo templario como llamada a la conversión y a la fidelidad.
El nacimiento de Juan es signo de esperanza. En él se cumple la profecía de Isaías: “Una voz clama en el desierto: preparad el camino del Señor”. Su venida al mundo es anuncio de la luz que está por llegar. Por eso la Iglesia celebra su nacimiento con alegría, porque en él comienza la aurora de la salvación. Su vida entera es servicio, su palabra es fuego, su muerte es testimonio. En su figura se resume la historia de la humanidad que espera la redención. Él es el puente entre la antigua alianza y la nueva, entre la ley y la gracia, entre la justicia y la misericordia. Su existencia es un canto a la fidelidad y a la verdad.
En este día solemne, la Orden del Temple eleva su oración al Precursor del Señor, pidiendo que su espíritu de fortaleza y pureza inspire a cada caballero y hermana en su misión. Que su voz siga resonando en los corazones como llamada a la conversión y al servicio. Que su ejemplo nos recuerde que la verdadera grandeza está en la humildad y que la verdadera victoria está en la fidelidad. San Juan Bautista nos enseña que el camino hacia Dios pasa por el desierto, por la renuncia y por la verdad. Su vida es espejo de la Regla, que llama a vivir sin temor, con el corazón limpio y la mirada fija en el Cordero de Dios.
Que este 24 de junio sea para todos los templarios un día de renovación interior, de compromiso y de esperanza. Que la voz del Bautista nos despierte del sueño de la comodidad y nos impulse a ser testigos del Reino. Que su ejemplo nos inspire a preparar el camino del Señor.

21/06/2026

La Estrella Flamígera: Símbolo de la Luz Iniciática en la Masonería y la Kabbalah

La Estrella Flamígera, una estrella radiante generalmente de cinco puntas rodeada de llamas, ocupa un lugar central en la simbología de la Masonería. Representa la luz interna del iniciado, la chispa divina del conocimiento y la manifestación del Verbo Creador. Esta estrella no solo es un símbolo masónico, sino también un punto de encuentro con la sabiduría esotérica de la Kabbalah, en donde la luz, el fuego y la forma estelar remiten a profundas verdades sobre la creación y el despertar espiritual.

En la Masonería: el Fuego del Espíritu y el Verbo

En el simbolismo masónico, la Estrella Flamígera aparece frecuentemente en el centro del taller, iluminando desde lo alto. En su interior suele hallarse la letra "G", que en muchas tradiciones representa a God (Dios), Geometry (Geometría), o incluso el Gran Arquitecto del Universo. Esta estrella simboliza:

La luz que guía al aprendiz desde las tinieblas de la ignorancia hacia el conocimiento.

El fuego del Espíritu Santo que purifica e ilumina.

La forma pentagonal alude al hombre regenerado, microcosmos en armonía con el macrocosmos.

Desde esta perspectiva, la estrella es un faro del logos, el principio divino que ordena y da sentido al cosmos y a la vida del iniciado.

La Estrella Flamígera en la Kabbalah: Luz, Fuego y Geometría Sagrada

Desde la Kabbalah, la Estrella Flamígera puede vincularse con varios conceptos fundamentales:

1. El Fuego Divino (אש, Esh)

El fuego es un símbolo del dinamismo divino de Jojmá (Sabiduría) y Guevurá (Rigor), aspectos de las sefirot que irradian fuerza, juicio y creatividad. El fuego es también la luz interior del alma (נשמה, Neshamá) y el ardor del anhelo por unirse al Ein Sof.

2. El Número Cinco y la Letra ה (He)

La estrella de cinco puntas se vincula con el número cinco, que en la Kabbalah corresponde a la letra ה, relacionada con la presencia divina en el mundo (el aspecto manifestado de IHVH). También puede aludir a los cinco niveles del alma y a las cinco sefirot "emocionales": Jésed, Guevurá, Tiféret, Netzaj y Hod.

3. El Pentagrama como Microcosmos

En la geometría sagrada, el pentagrama es símbolo del hombre como imagen del universo. En Kabbalah, el ser humano es el Adam Kadmon —la primera forma arquetípica que contiene todas las sefirot. La estrella encarnaría este modelo de perfección en potencia, en proceso de ser realizado mediante la práctica espiritual.

Puntos de Convergencia: Iniciación y Transmutación

Ambas tradiciones, la Masónica y la Kabalística, entienden la vida espiritual como un proceso de encender la luz interna mediante el trabajo sobre uno mismo. La Estrella Flamígera, en este sentido, no es solo un símbolo decorativo, sino un portal hacia la gnosis:

En Masonería, su aparición indica que el iniciado ha recibido una chispa del Verbo Creador.

En Kabbalah, evoca el resplandor de la Or HaGanuz (Luz Oculta), que solo el justo —o el iniciado sincero— puede percibir y canalizar.

La Estrella Flamígera es un símbolo de revelación, iluminación y alquimia espiritual. En su luz arde el fuego de la verdad eterna. Para el masón y el cabalista, ella recuerda que el propósito del sendero iniciático no es acumular conocimiento externo, sino despertar la chispa divina en el corazón, para que el alma resplandezca como estrella en el firmamento del Ser.

16/06/2026

Ser Past Máster no es un grado; es un testimonio.
No representa un escalón más en la jerarquía, sino la huella de un servicio prestado con dedicación, responsabilidad y compromiso.
El verdadero valor de un Past Máster no reside en un título o una distinción, sino en la experiencia adquirida, las lecciones aprendidas y el ejemplo que puede ofrecer a quienes continúan el camino.
Haber ocupado la silla de dirección no convierte a nadie en superior a sus hermanos; le recuerda, más bien, la obligación permanente de ejercer la prudencia, la humildad y la sabiduría.
Porque los cargos terminan, pero el carácter permanece. Y la mayor enseñanza que deja un Past Máster es comprender que el liderazgo auténtico consiste en servir antes que ser servido.
La justicia empieza por gobernarse a uno mismo; el liderazgo también.
O una versión más breve:
Ser Past Máster no es un grado, es una responsabilidad cumplida.
No otorga privilegios ni superioridad; recuerda el compromiso de haber servido a la Logia con honor y dedicación. El verdadero reconocimiento no está en el cargo que se ocupó, sino en el ejemplo que se sigue dando después de haberlo dejado.

06/06/2026

LA FRATERNIDAD NO SE DECLARA, SE CONSTRUYE

Cada piedra encuentra su lugar cuando existe la voluntad de trabajar por una obra superior. Del mismo modo, la Masonería se fortalece cuando sus miembros transforman los ideales en acciones, las palabras en compromisos y los principios en una forma de vida.

La verdadera unión fraternal no nace únicamente del vínculo que nos identifica como Hermanos; nace del esfuerzo consciente de asistir, participar, aprender, enseñar, servir y caminar juntos en la búsqueda incesante de la Verdad, la Virtud y el Perfeccionamiento Humano.

A quienes ya forman parte de nuestra Augusta Institución, este es un llamado a renovar el compromiso asumido ante el Ara, fortaleciendo con su presencia y trabajo la cadena de unión que enlaza generaciones de hombres libres y de buenas costumbres.

A quienes observan con interés el camino masónico, les invitamos a reflexionar sobre una Orden que, desde hace siglos, forma ciudadanos íntegros, promueve la tolerancia, cultiva el conocimiento y fomenta la fraternidad como fundamento de una sociedad más justa y armoniosa.

Porque la Masonería no es únicamente una herencia que recibimos; es una construcción permanente que cada Hermano ayuda a levantar con sus pensamientos, sus obras y su ejemplo.

La unión fraternal se fortalece cuando la voluntad se convierte en acción. Y es en esa acción donde la Luz encuentra su camino.

🔹 Fraternidad
🔹 Compromiso
🔹 Trabajo
🔹 Perseverancia
🔹 Luz

04/06/2026

.:EL SÍMBOLO DE LA COLMENA:.

Página Oficial SOY MASON (Comparte el Conocimiento) M:.M:.K:.

Castillos y leones, barras y escudos, águilas y dragones, simbolizando la fuerza o la sagacidad, se ostentan en las banderas de las naciones y en los pendones de las humanas colectividades.
Los masones tenemos por enseña algo muy particular, ante las miradas de los profanos, un panal de abejas, la rica y laboriosa colmena, ejemplo vivo de la cohesión, modelo acabado de confraternidad y amor al trabajo.

¿Quién ha visto con exactitud la faena de las abejas en el interior de sus celdas?

Así los profanos no conocen, en todos sus detalles, el trabajo que realizan los masones en el sagrado recinto de sus templos.

Pero la obra acabada de las abejas circula por el mundo, y con ella se regala el paladar de los hombres, se enriquece la farmacopea, y se ayuda la industria: como la humanidad toda se aprovecha de la utilísima labor de la Masonería.

A la puerta del colmenar vigilan atentas valientes abejas, dispuestas a clavar su agudo aguijón en la cara del osado que pretenda interrumpir el ordenado trabajo. Así vigilan nuestros Diáconos a las puertas del Taller.

La abeja no se nutre, como otros animales, de substancias desorganizadas, ni de insectos, ni de detritus. Ella no funda su casa sobre despojos orgánicos, ni entre infectos lodazales. Por el contrario, ella se establece en lo alto, al aire libre, y se alimenta exclusivamente de esencias perfumadas, que extrae de corolas de rosas y pétalos de jazmines.

Así la Masonería huye aterrorizada de la podredumbre del vicio, y bebe la dulce savia en las hermosas ideas, en las santas virtudes de los corazones sanos y de las almas generosas.

Y lleva para casa lo mejor de cada prado, lo más perfumado de cada selva, el néctar sabroso de la flor más tierna, para que su miel resulte clara y dulce, limpia y amorosa.

Y sí estrechamente unidas, dedicadas al trabajo constante, distribuidas acertadamente las labores; república ordenada y democrática, donde no hay una abeja mejor que otra, ni con más derechos, ni con mayores obligaciones, ellas son en el mundo de los irracionales lo que nosotros en el orden de la vida social: obreros incansables del bien, ni más altos ni más bajos unos que otros, sujetos a los mismos deberes, y guardianes invencibles del secreto de nuestra organización ; abejas inteligentes que damos al mundo el rico panal de la ilustración y de la caridad, y volvemos a llenar las celdas vacías, de mieles y de aromas, con todo el júbilo inefable de que son susceptibles nuestras almas.

LA COLMENA...

M:.M:. JOAQUÍN NICOLAS DE ARAMBURU

02/06/2026

Romi Feliz cumpleaños
Un TAF

26/05/2026

📜La Ciudad que los Masones Construyeron para la Eternidad

El secreto geométrico de Washington D.C.

Hay ciudades que crecen sin orden, como árboles silvestres. Y hay ciudades que fueron diseñadas como mensajes. Washington D.C. es de las segundas.

Cuando en 1791 el presidente George Washington encargó el diseño de la nueva capital de los Estados Unidos, eligió a un hombre muy específico para la tarea: Pierre Charles L'Enfant, arquitecto, ingeniero y como el propio Washington masón.

Lo que L'Enfant trazó sobre ese terreno pantanoso a orillas del río Potomac no fue simplemente una ciudad funcional. Fue un mapa simbólico grabado en piedra, cal y asfalto para durar milenios.

El momento en que todo comenzó

El 18 de septiembre de 1793, George Washington llegó al terreno donde se construiría el Capitolio vestido con su delantal masónico completo el mismo que le había regalado la Marquesa de Lafayette.

Frente a cámaras inexistentes, frente a periodistas que aún no entendían lo que presenciaban, colocó la piedra fundacional del edificio más importante de la nación más poderosa que estaba naciendo.

Lo hizo siguiendo un ritual masónico de consagración paso a paso: vino, aceite, trigo y maíz fueron vertidos sobre la piedra como ofrendas simbólicas. Los presentes formaron un semicírculo. Hubo palabras en voz baja que nadie fuera del círculo escuchó. Ese momento no fue un acto político. Fue una consagración.

La geometría que no debería estar ahí

Saca un mapa de Washington D.C. Observa sus grandes avenidas diagonales cortando la cuadrícula urbana. A simple vista parece caos elegante.

Pero si unes ciertos puntos clave la Casa Blanca, el Capitolio, el Monumento a Jefferson, el Monumento a Washington algo aparece que no debería estar ahí por accidente:

Una escuadra y un compás perfectos, los símbolos más reconocibles de la masonería, trazados a escala monumental sobre el suelo de la capital. Y hay más.

Si prolongas las líneas de Rhode Island Avenue y Massachusetts Avenue hacia el norte desde la Casa Blanca, junto con otras tres avenidas, forman un pentagrama invertido cuya punta inferior señala directamente al edificio donde vive el presidente de los Estados Unidos.

Los escépticos dicen que es coincidencia geométrica que cuando divides una ciudad con avenidas diagonales, inevitablemente aparecen figuras. Los investigadores masónicos dicen algo diferente: en arquitectura sagrada, nada es accidental.

Los hombres detrás del diseño

George Washington no fue el único masón involucrado. La lista es casi increíble:

Benjamin Franklin, masón del Grado 33, ayudó a redactar los documentos fundacionales de la nación y diseñó el Gran Sello de los Estados Unidos ese ojo sobre la pirámide que hoy aparece en cada billete de un dólar.

Andrew Ellicott, el topógrafo que terminó el diseño de la ciudad cuando L'Enfant fue despedido, era masón.

James Hoban, el arquitecto que diseñó la Casa Blanca, era masón.De los 39 firmantes de la Constitución estadounidense, 13 eran masones activos y documentados.

No estaban escondidos. No operaban en la sombra. Eran, literalmente, los hombres que construyeron el país y lo construyeron con sus propias manos, sus propias ideas y su propio lenguaje simbólico.

El ojo que todo lo ve

En 1782, el Gran Sello de los Estados Unidos fue aprobado oficialmente. En su reverso aparece una pirámide inacabada de 13 escalones uno por cada colonia original coronada por un triángulo luminoso con un ojo en su interior.

Annuit Cœptis, dice la leyenda en latín: "Él aprueba nuestros comienzos."

Novus Ordo Seclorum: "Un nuevo orden de los siglos."

Este símbolo, que hoy millones de personas ven a diario sin pensarlo dos veces, es directamente tomado de la iconografía masónica del siglo XVIII. El ojo que todo lo ve el ojo de la Providencia aparecía en las logias masónicas de Europa décadas antes de que alguien pensara en fundar Estados Unidos.

En 1935, bajo la presidencia de Franklin D. Roosevelt masón de Grado 32 este símbolo fue estampado en el billete de un dólar, donde permanece hasta hoy. Cada vez que pagas un café, llevas en el bolsillo el símbolo más antiguo de la masonería.

¿Conspiración o arquitectura sagrada?

Aquí es donde la historia se pone filosóficamente interesante. Los masones del siglo XVIII no se veían a sí mismos como conspiradores. Se veían como constructores de civilización herederos intelectuales de los grandes arquitectos de las catedrales medievales, guardianes de un conocimiento geométrico y filosófico que venía, según ellos, desde el templo del rey Salomón. Diseñar una ciudad con geometría sagrada no era para ellos un acto de poder oculto. Era un acto de devoción.

Creían genuinamente que una ciudad construida según proporciones divinas las mismas que gobiernan las estrellas, los cristales, los cuerpos vivos estaría bajo una protección especial. Que sus leyes serían más justas. Que sus ciudadanos serían más libres.

¿Tenían razón? Eso ya es otra conversación.

Pero lo que sí es cierto, lo que ningún historiador serio niega, es que la capital más poderosa del mundo fue diseñada, construida y consagrada por masones, siguiendo principios que ellos consideraban sagrados. Y que ese diseño sigue ahí, grabado en el suelo, visible desde el cielo, esperando que alguien mire con suficiente atención.

Lo que nadie puede negar

No hace falta creer en conspiraciones para encontrar esto fascinante. Basta con mirar el mapa. Basta con leer los diarios de George Washington, donde describía con orgullo sus rituales masónicos. Basta con visitar el Museo Masónico Nacional George Washington en Alexandria, Virginia abierto al público, sin secretos donde se conserva su delantal, su mazo, su mandil de ceremonia.

La masonería no construyó Estados Unidos en las sombras. Lo construyó a plena luz del día. Y dejó su firma en cada piedra.

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